martes, 13 de diciembre de 2011

Henri Beyle

Si tuviera la más mínima noción de meteorología, no me produciría tanto placer ver desfilar las nubes y disfrutar de los magníficos palacios o los inmensos monstruos  que intuye mi imaginación. Vi una vez a un pastor suizo contemplar las cimas cubiertas  de nieve de Jungfrau durante tres horas, con los brazos cruzados. Para él, aquello era música. A menudo mi ignorancia me acerca al estado de este pastor.

Pintura de Masaccio, Texto de Stendhal.

martes, 25 de octubre de 2011


No sabes de donde viene este camino
que a ningún sitio conduce.

Verso de Vladimír Holan. Pintura de Juan Uslé.





jueves, 13 de octubre de 2011

Las condiciones del pájaro solitario

Las condiciones del pájaro solitario son cinco: la primera, que se va a lo más alto; la segunda, que no sufre compañía, aunque sea de su naturaleza; la tercera, que pone el pico al aire; la cuarta, que no tiene determinado color; la quinta, que canta suavemente.

En la fotografía aparece Adolf Wölfli. El texto es de Juan de Yepes.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Muchacho soplando una candela

Esta pintura de El Greco es conocida popularmente como "El soplón".

Plinio el Viejo menciona en su "Historia Naturalis" varios artistas que presentan, en pintura o escultura, a muchachos soplando fuego.

Dedicado a Mariano Aguilar. Por haberme inoculado el virus de la pintura y del que aprendí a discernir los reflejos de los distintos fuegos.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Trakl.


De noche me encontré en un matorral,
erizado de escoria y de polvo de estrellas.
Georg Trakl. De profundis.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Gran Maestro del Templo


El peso de los expirados es tan grande que desequilibra la economía de las esferas. Esta prodigiosa cantidad de almas gira en vano sobre sí misma. Debes saber que por poco que los alientos escapen a tu vigilancia  y se renueven con alguna unión carnal, ya no se infiltran sólo de a dos o tres como cuando se amalgaman, sino de a cinco, de a siete, en un solo útero, ávidos de arrogarse un embrión en el que poder descargar sus culpas anteriores y rehacerse una virtud: frecuentemente, desde el seno de alguna pobre loca, un cuerpo demasiado frágil es llamado a alojar la aparente unidad de un complejo de siete almas. ¡He aquí una naturaleza tormentosa, exuberante, intratable, que padece del tumulto de tantos soplos muchas veces exhalados, diferentes en el origen, la edad y el tipo, y el grado en que toman como propias sus vicisitudes! Ese cuerpo, luego de tantas pruebas, enseguida es destruido, y su soplo sube hasta aquí, se divide según las diversas corrientes que inmediatamente se pelean y se hostigan entre sí hasta que se dispersan en otras más violentas. he aquí por qué las violaciones y los estupros se redoblan, se duplican, se centuplican en el bajo mundo,  y no alcanzan para cubrir el camino de semejantes trastornos; y por más que aumenten los nacimientos, el número de expirados que quisieran renacer siempre excederá el número de cuerpos que nacen año tras año. 

El Baphomet. Pierre Klossowski.



viernes, 26 de agosto de 2011

Guibert


Muzil, en sus últimas semanas de vida, había querido, discretamente, sin rupturas, distanciarse de la persona a quien amaba, hasta el punto de tener el formidable reflejo, el acierto inconsciente de evitarle a esa persona todo riesgo de contagio en un momento en que casi todo en su propio ser, su esperma, su saliva, sus lágrimas, su sudor, se había vuelto –o al menos se creía entonces– extremadamente contagioso; esto me lo dijo recientemente Stéphane, quien se empeñó en que yo supiera –pero quizá sea mentira– que él mismo no era seropositivo, que había logrado escapar a ese peligro, cuando se había vanagloriado –poco después de haberme revelado la naturaleza de la enfermedad de Muzil, que él había ignorado hasta entonces– de haberse metido en el hospital en la cama del agonizante y de haberle calentado con su boca diferentes lugares del cuerpo, que era en aquel momento un verdadero veneno. Esa proeza de Muzil, yo no logré repetirla con Jules, o Jules no la logró conmigo, y ambos no lo logramos con Berthe, pero a veces tengo aún la esperanza de que sus hijos, o uno de ellos por lo menos, no haya sido o no hayan sido contaminados.


Al amigo que no me salvó la vida.  Hervé Guibert.