Si tuviera la más mínima noción de meteorología, no me produciría tanto placer ver desfilar las nubes y disfrutar de los magníficos palacios o los inmensos monstruos que intuye mi imaginación. Vi una vez a un pastor suizo contemplar las cimas cubiertas de nieve de Jungfrau durante tres horas, con los brazos cruzados. Para él, aquello era música. A menudo mi ignorancia me acerca al estado de este pastor.
Pintura de Masaccio, Texto de Stendhal.
martes, 13 de diciembre de 2011
martes, 25 de octubre de 2011
jueves, 13 de octubre de 2011
Las condiciones del pájaro solitario
Las condiciones del pájaro solitario son cinco: la primera, que se va a lo más alto; la segunda, que no sufre compañía, aunque sea de su naturaleza; la tercera, que pone el pico al aire; la cuarta, que no tiene determinado color; la quinta, que canta suavemente.
En la fotografía aparece Adolf Wölfli. El texto es de Juan de Yepes.
En la fotografía aparece Adolf Wölfli. El texto es de Juan de Yepes.
jueves, 22 de septiembre de 2011
Muchacho soplando una candela
Esta pintura de El Greco es conocida popularmente como "El soplón".
Plinio el Viejo menciona en su "Historia Naturalis" varios artistas que presentan, en pintura o escultura, a muchachos soplando fuego.
Dedicado a Mariano Aguilar. Por haberme inoculado el virus de la pintura y del que aprendí a discernir los reflejos de los distintos fuegos.
Plinio el Viejo menciona en su "Historia Naturalis" varios artistas que presentan, en pintura o escultura, a muchachos soplando fuego.
Dedicado a Mariano Aguilar. Por haberme inoculado el virus de la pintura y del que aprendí a discernir los reflejos de los distintos fuegos.
sábado, 10 de septiembre de 2011
Trakl.
De noche me encontré en un matorral,
erizado de escoria y de polvo de estrellas.
Georg Trakl. De profundis.
jueves, 1 de septiembre de 2011
Gran Maestro del Templo
El peso de los expirados es tan grande que desequilibra la economía de las esferas. Esta prodigiosa cantidad de almas gira en vano sobre sí misma. Debes saber que por poco que los alientos escapen a tu vigilancia y se renueven con alguna unión carnal, ya no se infiltran sólo de a dos o tres como cuando se amalgaman, sino de a cinco, de a siete, en un solo útero, ávidos de arrogarse un embrión en el que poder descargar sus culpas anteriores y rehacerse una virtud: frecuentemente, desde el seno de alguna pobre loca, un cuerpo demasiado frágil es llamado a alojar la aparente unidad de un complejo de siete almas. ¡He aquí una naturaleza tormentosa, exuberante, intratable, que padece del tumulto de tantos soplos muchas veces exhalados, diferentes en el origen, la edad y el tipo, y el grado en que toman como propias sus vicisitudes! Ese cuerpo, luego de tantas pruebas, enseguida es destruido, y su soplo sube hasta aquí, se divide según las diversas corrientes que inmediatamente se pelean y se hostigan entre sí hasta que se dispersan en otras más violentas. he aquí por qué las violaciones y los estupros se redoblan, se duplican, se centuplican en el bajo mundo, y no alcanzan para cubrir el camino de semejantes trastornos; y por más que aumenten los nacimientos, el número de expirados que quisieran renacer siempre excederá el número de cuerpos que nacen año tras año.
El Baphomet. Pierre Klossowski.
viernes, 26 de agosto de 2011
Guibert
Muzil, en sus últimas semanas de vida, había querido, discretamente, sin rupturas, distanciarse de la persona a quien amaba, hasta el punto de tener el formidable reflejo, el acierto inconsciente de evitarle a esa persona todo riesgo de contagio en un momento en que casi todo en su propio ser, su esperma, su saliva, sus lágrimas, su sudor, se había vuelto –o al menos se creía entonces– extremadamente contagioso; esto me lo dijo recientemente Stéphane, quien se empeñó en que yo supiera –pero quizá sea mentira– que él mismo no era seropositivo, que había logrado escapar a ese peligro, cuando se había vanagloriado –poco después de haberme revelado la naturaleza de la enfermedad de Muzil, que él había ignorado hasta entonces– de haberse metido en el hospital en la cama del agonizante y de haberle calentado con su boca diferentes lugares del cuerpo, que era en aquel momento un verdadero veneno. Esa proeza de Muzil, yo no logré repetirla con Jules, o Jules no la logró conmigo, y ambos no lo logramos con Berthe, pero a veces tengo aún la esperanza de que sus hijos, o uno de ellos por lo menos, no haya sido o no hayan sido contaminados.
Al amigo que no me salvó la vida. Hervé Guibert.
domingo, 21 de agosto de 2011
En el palacio de las vísceras.
¿Cómo ocurrió pues, – nos preguntamos a continuación – que los intestinos recibieran el nombre de "palacio de las vísceras" y que el submundo pudiera ser presentado como "el palacio de las vísceras"? La equiparación entre submundo e intestinos se muestra también a través del hecho de que una criatura del otro mundo y adversario de Gilgamés, el demoníaco compañero Humbaba, morador de un bosque encantado "con caminos secretos" y "veredas sin salida", es representado como el hombre de las vísceras, por un rostro formado por intestinos. Este ejemplo nos aclara algo decisivo. "Laberíntico" e "inframundano" aparecen como idénticos. Lo laberíntico tenía absoluta prioridad ante sus otras formas de expresión, "el bosque encantado" y los "intestinos". Nada prueba, por lo demás, que a experiencias exteriores, como las observaciones de los intestinos, les correspondiera la prioridad ante el contenido mitológico surgido del alma. el atuendo con el que se muestra la sustancia puede prodecer de tales experiencias: pero en su forma interior, en este caso una espiral, la que contribuye a darle un aspecto exterior adecuado. Un inframuno en forma de espiral ha sido equiparado a los intestinos. Solo así se nos hace comprensible el doble significado de "palacio de las vísceras".
En el laberinto. Karl kerényi.
jueves, 11 de agosto de 2011
Artaud
Por muy alto que haya subido por las tinieblas de lo mental no siempre he tenido conciencia de haberme decidido por las razones más claras para esto o para aquello, -Entre el yo y el no-yo hay una guerra a la que los siglos que se han sucedido hasta ahora no han puesto fin. Lo ilusorio, que no me gusta, me da muchas veces la impresión de ocupar mi conciencia con vigor seductor más fuerte que lo Real.- Es que antes de mí existe la tentación: tentación de ser esto o aquello.- Pero ¿quién me dirá en virtud de qué me decidí a escoger mi conciencia?
Los Tarahumara, Antonin Artaud.
miércoles, 10 de agosto de 2011
Jünger
¿Quién conoce y quién mide los efectos que esas radiaciones causan en nuestro cuerpo, en nuestros sentidos, en nuestro espíritu - el orden, el equilibrio a que sin cesar estamos compelidos? Hasta la propia belleza se contradice a sí misma, como lo enseña la fatiga subsiguiente al recorrido por museos donde se hallan reunidas obras maestras. Estamos así esforzándonos sin pausa en dirigir, en armonizar, en elevar al nivel de las imágenes las ondas de luz, los haces de rayos. No significa otra cosa vivir.
Radiaciones I. Diarios de la segunda guerra mundial (1939-1943) Ernst Jünger
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