viernes, 26 de agosto de 2011

Guibert


Muzil, en sus últimas semanas de vida, había querido, discretamente, sin rupturas, distanciarse de la persona a quien amaba, hasta el punto de tener el formidable reflejo, el acierto inconsciente de evitarle a esa persona todo riesgo de contagio en un momento en que casi todo en su propio ser, su esperma, su saliva, sus lágrimas, su sudor, se había vuelto –o al menos se creía entonces– extremadamente contagioso; esto me lo dijo recientemente Stéphane, quien se empeñó en que yo supiera –pero quizá sea mentira– que él mismo no era seropositivo, que había logrado escapar a ese peligro, cuando se había vanagloriado –poco después de haberme revelado la naturaleza de la enfermedad de Muzil, que él había ignorado hasta entonces– de haberse metido en el hospital en la cama del agonizante y de haberle calentado con su boca diferentes lugares del cuerpo, que era en aquel momento un verdadero veneno. Esa proeza de Muzil, yo no logré repetirla con Jules, o Jules no la logró conmigo, y ambos no lo logramos con Berthe, pero a veces tengo aún la esperanza de que sus hijos, o uno de ellos por lo menos, no haya sido o no hayan sido contaminados.


Al amigo que no me salvó la vida.  Hervé Guibert.

domingo, 21 de agosto de 2011

En el palacio de las vísceras.


¿Cómo ocurrió pues, – nos preguntamos a continuación – que los intestinos recibieran el nombre de "palacio de las vísceras" y que el submundo pudiera ser presentado como "el palacio de las vísceras"? La equiparación entre submundo e intestinos se muestra también a través del hecho de que una criatura del otro mundo y adversario de Gilgamés, el demoníaco compañero Humbaba, morador de un bosque encantado "con caminos secretos" y "veredas sin salida", es representado como el hombre de las vísceras, por un rostro formado por intestinos. Este ejemplo nos aclara algo decisivo. "Laberíntico" e "inframundano" aparecen como idénticos. Lo laberíntico tenía absoluta prioridad ante sus otras formas de expresión, "el bosque encantado" y los "intestinos". Nada prueba, por lo demás, que a experiencias exteriores, como las observaciones de los intestinos, les correspondiera la prioridad ante el contenido mitológico surgido del alma. el atuendo con el que se muestra la sustancia puede prodecer de tales experiencias: pero en su forma interior, en este caso una espiral, la que contribuye a darle un aspecto exterior adecuado. Un inframuno en forma de espiral ha sido equiparado a los intestinos. Solo así se nos hace comprensible el doble significado de "palacio de las vísceras".

En el laberinto. Karl kerényi.

jueves, 11 de agosto de 2011

Artaud



Por muy alto que haya subido por las tinieblas de lo mental no siempre he tenido conciencia de haberme decidido por las razones más claras para esto o para aquello, -Entre el yo y el no-yo hay una guerra a la que los siglos que se han sucedido hasta ahora no han puesto fin. Lo ilusorio, que no me gusta, me da muchas veces la impresión de ocupar mi conciencia con vigor seductor más fuerte que lo Real.- Es que antes de mí existe la tentación: tentación de ser esto o aquello.- Pero ¿quién me dirá en virtud de qué me decidí a escoger mi conciencia?

Los Tarahumara, Antonin Artaud.


miércoles, 10 de agosto de 2011

Jünger


¿Quién conoce y quién mide los efectos que esas radiaciones causan en nuestro cuerpo, en nuestros sentidos, en nuestro espíritu - el orden, el equilibrio a que sin cesar estamos compelidos? Hasta la propia belleza se contradice a sí misma, como lo enseña la fatiga subsiguiente al recorrido por museos donde se hallan reunidas obras maestras. Estamos así esforzándonos sin pausa en dirigir, en armonizar, en elevar al nivel de las imágenes las ondas de luz, los haces de rayos. No significa otra cosa vivir.

Radiaciones I. Diarios de la segunda guerra mundial (1939-1943) Ernst Jünger